No espera nadie


jueves, enero 09, 2003
Feliz cumpleaños, amor mio.
Me lo hiciste pasar como entre sueño y dulces drogas, eso eres tu un dulce sueño producto de una droga.
Lo paso mal a ratos esperando que empiece la tormenta por cualquier motivo, tanto por algo de repente te parezca mal o porque te vuelvas a acordar de otro.
Cuando no me coges el telefono durante un rato, y no se que pasa, y empiezan otra vez las sombras a inundar este cielo.
Necesito verte hoy, para declararte mi amor, mi devoción, mi querencia, mi ansia de tenerte, y agarrarte de los pequeños hombros con las manos, para forzarte a moverte cuando empiezas a dejarte llevar.



martes, enero 07, 2003
Despues de quedar, al fin, cuando salió del bar, nos fuimos a tomar algo, yo con mucho miedo y ella con cara de pocos amigos.
Pero la conversación la fue tranquilizando, y poco a poco fue apareciendo en ella un raro y maravilloso cambio: Empezó a reconocer su insoportable caracter y comenzó a hablar de las razones que ella piensa que la han transformado en esa persona que considera despreciable. Compartiendo oscuros pensamientos de rabia y asco que la atemorizan y la arrastran a arrebatos inconscientes de furia. Sin orgullos, ni lastimas, se confesó en miedos que yo suponía, y busco refugio para descansar. Y sus ojos, fijos en el parque, mostraban la lucha entre la que no quería perder la seguridad que la daba las respuestas de "Tu no tienes ni idea de lo que me pasa" y la que quería dejar las armas en el suelo, y tener las manos libres para agarrar a los que antes echaba de casa.
Me hizo sentir alguien importante para ella, alguien del que se espera que la conozca tanto como ella. Y mi humildad creció hasta darla sólo pobres palabras de ánimo, y de cariño, que calentaran un poquito su triste corazón, por tantos dolorosos recuerdos y tanta inválida sumisión aceptada hacia ciertas personas por propia imposición.
Este será el día más especial de toda nuestra relación.
{Si, pero no será nunca más si la he visto. Ahora somos más amigos, mas que su amante}
Quedamos el Día de Reyes desde por la mañana, tomamos el vermut, comimos y nos fuimos a casa. Dormimos la mayor parte del tiempo, y cuando nó, lo hicimos; quizás sin tanta pasión, ahora que ya no tiene que esconder nada, ni yo romperme la cabeza para imaginarme todas las posible razones del último grito.
La amé, la quiero, la amaré siempre.
Tal cambio en su forma de estar conmigo (aunque a veces me daba un poco de ese Mar), provocó en mi un atisbo de seriedad, supongo que abrumado por la nueva relación que hemos comenzado, quizás esa fue la razón de mi bajón interior, pero no creo que vuelva a pasar.




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